2010: Cuando la Ruta Inka unió Tiwanaku con Tikal y abrió el camino hacia Mesoamérica

Una expedición continental que movilizó a  más de 240 jóvenes de cuatro continentes, recorriendo los caminos ancestrales junto a sus custodios, desde el altiplano andino hasta el corazón del mundo maya.


En el año 2010, declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional para la aproximación de las Culturas, un grupo de jóvenes decidió recorrer el continente desde sus raíces, dando vida a una de las experiencias más significativas de integración cultural en América Latina.

Así nació la expedición Ruta Inka 2010 – Al encuentro de los Mayas, una travesía que no solo cruzó territorios, sino que conectó memorias, culturas y pueblos a lo largo del continente.

El inicio: Tiwanaku y el solsticio


El 21 de junio de 2010, en el marco del Wilkakuti andino, la expedición fue inaugurada solemnemente en Tiwanaku, coincidiendo con el solsticio de invierno.

La ceremonia contó con la presencia del entonces presidente de Bolivia, otorgando a la partida un alto valor simbólico y político, en sintonía con el espíritu del Año Internacional para la aproximación de las culturas.

Primer tramo: el Qhapaq Ñan en movimiento


Un primer grupo de aproximadamente 120 expedicionarios, seleccionados con el apoyo del servicio diplomático boliviano, inició el recorrido hacia el norte del continente.

Acompañados por catedráticos de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de Colombia, se internaron en los caminos ancestrales del altiplano, recorriendo durante tres días el histórico Camino del Choro junto a autoridades de la Municipalidad de La Paz.


Antes de salir de Bolivia, el gobierno los reconoció simbólicamente como Embajadores para la Defensa de la Sagrada Hoja de Coca, entregándoles incluso una pequeña dotación individual de esta hoja milenaria, así como camisetas alusivas a dicha distinción.

El paso por el Perú: dificultades y respaldo de los pueblos


Al ingresar al Perú, la expedición enfrentó limitaciones que impidieron su acceso a Machu Picchu. Sin embargo, el recorrido no se detuvo y continuó gracias al respaldo de las comunidades.

En la región del altiplano, un acto de bienvenida organizado de manera espontánea por instituciones culturales locales estuvo acompañado por la interpretación de un tradicional sikuri, marcando el inicio de una serie de encuentros caracterizados por la hospitalidad y el reconocimiento.

Los expedicionarios visitaron las islas flotantes de los Uros y, a lo largo de su tránsito por territorio peruano, contaron con el apoyo logístico de las Fuerzas Armadas, que facilitaron espacios de pernoctación.

En Acomayo, una provincia del Cusco, fueron acogidos por la población local, que los condujo al complejo arqueológico de Waqrapucara. Este tramo contó además con el acompañamiento de la televisión pública boliviana, que desde el Cusco retornó a su país.


Más al norte, la travesía incluyó la visita a Chan Chan, testimonio de otra de las grandes civilizaciones prehispánicas del continente.

El avance de la Ruta Inka fue sostenido por la hospitalidad de los pueblos, reafirmando el carácter comunitario de la travesía.

Ecuador y Colombia: el abrazo de los pueblos originarios

La expedición continuó su recorrido por Ecuador y Colombia, siendo recibida por universidades, autoridades y comunidades locales.

De acuerdo con la cobertura internacional de prensa, casi 130 jóvenes provenientes de América, Europa, Asia y Oceanía participaron en esta experiencia, concebida como una verdadera universidad itinerante de saberes ancestrales. La prensa también destacó que la travesía coincidía con el Año Internacional para la aproximación de las culturas y que buscaba articular convivencia, conocimiento y diplomacia indígena.

En Ecuador, además del importante respaldo gubernamental, una parte significativa del recorrido contó con el acompañamiento de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), en el marco del convenio suscrito con esta histórica organización indígena.

En Colombia ocurrió algo semejante. Buena parte del camino fue acompañada por la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), reforzando el carácter continental e intercultural de la expedición y su estrecho vínculo con los pueblos originarios organizados.

El primer tramo culminó en Capurganá, en la frontera entre Colombia y Panamá.

Segundo tramo: continuidad desde los pueblos originarios


Un segundo grupo de aproximadamente 120 expedicionarios, seleccionados con el apoyo de las embajadas de Guatemala, retomó la travesía.

El inicio de este tramo tuvo lugar en territorio de los pueblos Emberá, en una ceremonia que reafirmó el carácter intercultural del proyecto.

A partir de ese momento, la expedición contó con un amplio respaldo institucional en varios países de la región. Gobiernos como los de Panamá, Nicaragua, El Salvador y Guatemala brindaron apoyo significativo, incluyendo logística, transporte, alimentación y acompañamiento oficial a lo largo del recorrido.

Este segundo tramo contó además con un importante acompañamiento académico internacional. Participaron dos catedráticos de la Universidad de Sevilla, integrados en una representación mayor que incluía también a estudiantes, en el marco del convenio suscrito entre dicha universidad y la Ruta Inka. A ellos se sumó una profesora de la Universidad de Extremadura, quien acompañó esta delegación académica durante la travesía.

Guatemala: reconocimiento institucional


En Ciudad de Guatemala, los expedicionarios fueron recibidos en el Palacio de la Cultura en una ceremonia oficial que incluyó una escenificación del juego de la pelota maya y presentaciones de marimba.

Posteriormente, el Instituto Guatemalteco de Turismo acompañó el recorrido hacia el destino final, fortaleciendo el respaldo institucional guatemalteco a esta experiencia de integración continental.

Tikal: culminación de la travesía

La expedición concluyó en Tikal, uno de los principales centros de la civilización maya.

Allí, tras 70 días de recorrido, la expedición culminó una experiencia que integró territorios, culturas y generaciones en un mismo proceso de aprendizaje, convivencia y reconocimiento mutuo. La cobertura periodística internacional recogió ese cierre como la consumación de una travesía iniciada el 21 de junio en Bolivia y concluida en el corazón del mundo maya.

“Bosque de banderas”: la canción de la expedición


Toda gran travesía deja imágenes. Algunas dejan también una música.

La Ruta Inka 2010 estuvo acompañada por el tema “Bosque de banderas”, aportado por la delegación española, una canción que recogió el espíritu de la expedición y que evoca expresamente el recorrido “de Tiwanaku hasta Tikal”.

No fue un detalle menor. Fue la banda sonora de un camino continental que avanzó entre culturas, territorios y pueblos, recordándonos que la integración también puede cantarse.

Una experiencia con respaldo continental

Ruta Inka 2010 constituyó una experiencia de integración cultural con características excepcionales.

Fue una travesía marcada por la participación de jóvenes de diversos continentes, por el acompañamiento académico internacional, por el apoyo gubernamental en varios países y por la articulación con organizaciones indígenas de enorme legitimidad en la región.

Más que una expedición, se trató de una iniciativa que combinó educación, cultura y territorio en un modelo de universidad itinerante.

De Tiwanaku hasta Tikal, América volvió a caminar sobre sus raíces.

Un precedente para el futuro

La experiencia de 2010 sentó las bases para nuevas travesías de integración cultural en el continente.

Hoy, la propuesta Ruta Inka 2027 – Al encuentro de los Mexicas retoma ese camino y lo proyecta hacia una nueva etapa, con una convocatoria de alcance internacional que busca volver a conectar el sur andino con el corazón de Mesoamérica.

Conclusión

Ruta Inka 2010 no fue un hecho aislado, sino el inicio de un proceso de largo aliento.

Su recorrido demostró que la integración cultural del continente no solo es posible, sino que puede construirse desde los pueblos, desde las organizaciones indígenas, desde las universidades, desde los caminos ancestrales y desde una juventud dispuesta a reencontrarse con las raíces profundas de América.

La Ruta Inka 2010 demostró que la integración continental puede construirse desde los pueblos, los caminos ancestrales y la juventud del mundo. Hoy, ese espíritu vuelve a ponerse en marcha con la Ruta Inka 2027 – Al encuentro de los Mexicas.

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ANEXOS: 

LEE UNA PARTE DE LA COBERTURA DE LA PRENSA INTERNACIONAL A LA RUTA INKA 2010 (CLICK)

MIRA IMÁGENES DE LA RUTA INKA 2010 - AL ENCUENTRO DE LOS MAYAS A LO LARGO DE 10 PAISES (CLICK)

ESCUCHA EL TEMA MUSICAL "BOSQUE DE BANDERAS" APORTADA POR LA DELEGACION ESPAÑOLA (CLICK)

MIRA LA PARTICIPACIÓN DEL SERVICIO DIPLOMÁTICO DE BOLIVIA EN RUTA INKA (CLICK) 

 

 

Proyecto de Ley Ruta Inka

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