Gonzalo de Rojas escribía allá por el año 1636 lo siguiente, refiriéndose alrenombrado mito de El Dorado: "En primer término, tenía que desplazarse al gran lago de Guatavita para efectuar ofrendas y sacrificios al demonio que la tribu adoraba como dios y señor. Durante la ceremonia que tenía lugar en el lago, construían una balsa de juncos que adornaban y decoraban con sus mejores bienes, colocando en ella cuatro braseros encendidos, en los que quemaban abundante moque - el incienso de estos nativos - y, también, resina y otras muchas esencias. El lago es grande y profundo, y por él puede navegar un buque de borda alta, cargado con infinidad de hombres y mujeres, ataviados con vistosas plumas, placas de oro y coronas de oro... Seguir leyendo

El 11 de agosto del 2009 un grupo de expedicionarios provenientes de distintos rincones del planeta llegaba finalmente a su destino propuesto: El Castillo de Ingapirka, Santuario del Joven Poderoso en Ecuador. Se alzaba frente a nuestros ojos un importante símbolo arqueológico que representa la grandeza del Imperio
Aún no me he adaptado a la diferencia horaria y en los últimos cinco días no he podido ni tomar una ducha, pero ya he vuelto a casa. Me siento orgullosa de haber regresado de la otra parte del Atlántico. Acabo de hacer realidad uno de mis sueños. Siento que dormir en mi almohada me aporta un bienestar añadido: el de saber que existe eso que tanto he buscado, eso que buscó tanta gente. Aunque es difícil precisar el punto exacto, en el Nuevo Mundo, donde he encontrado El Dorado.