El saludo a la Ruta Inka que llegó desde Milán

Cuando la Ruta Inka era todavía un sueño, el cardenal Carlo Maria Martini reconoció en ella un mensaje de paz, respeto por el ser humano y el medio ambiente.

En 2002, cuando la Ruta Inka daba sus primeros pasos y buscaba abrirse camino como una nueva propuesta de encuentro entre los pueblos de América Latina, el entonces arzobispo de Milán, cardenal Carlo Maria Martini, hizo llegar un mensaje de aliento a sus organizadores y participantes. La carta, conservada durante más de dos décadas y recuperada ahora como parte de la Campaña Internacional de Recuperación de la Memoria Histórica de la Ruta Inka, constituye un valioso testimonio de aquellos años fundacionales.

Una gira para dar a conocer un sueño 

En el marco de los preparativos de la Ruta Inka 2002, cuando el proyecto era todavía una idea en construcción y debía abrirse paso en medio de dificultades y resistencias, su fundador, Rubén La Torre Valenzuela, emprendió una intensa gira de difusión internacional.

El propósito era dar a conocer una propuesta que entonces resultaba novedosa: promover el encuentro directo entre estudiantes y los pueblos herederos de las grandes culturas originarias de América, convirtiendo el viaje en una experiencia de aprendizaje, convivencia e integración.

En aquellos primeros años, la Ruta Inka necesitaba también encontrar voces e instituciones que comprendieran el sentido de aquella iniciativa y pudieran expresar un aliento moral a un proyecto que recién comenzaba a abrirse camino.

Durante esa etapa se lograron pronunciamientos y expresiones de respaldo de diversas personalidades internacionales. Entre las gestiones realizadas se encontraba incluso un viaje a Roma, con el propósito de procurar que alguna autoridad vinculada a la Santa Sede pudiera conocer el proyecto y hacer llegar un mensaje a los participantes.

Una carta desde una de las grandes sedes de la Iglesia

La gestión no consiguió entonces una audiencia en el Vaticano. Sin embargo, desde Italia llegó una respuesta que hoy adquiere un especial significado histórico.

El 12 de junio de 2002, el cardenal Carlo Maria Martini, entonces arzobispo de Milán, dirigió una carta a propósito del programa académico-cultural Ruta Inka.

La comunicación procedía de una arquidiócesis de enorme importancia histórica dentro de la Iglesia católica. Antes de llegar al pontificado, Pío XI y Pablo VI habían ocupado la sede arzobispal de Milán. Y quien encabezaba la arquidiócesis en aquel momento era Carlo Maria Martini, una de las figuras religiosas e intelectuales más influyentes de su tiempo.

Pero el valor del documento no reside únicamente en la personalidad de quien lo suscribió.

Paz, respeto por el ser humano y el medio ambiente

En su carta, el cardenal Martini agradecía la información recibida sobre la Ruta Inka y destacaba expresamente los valores que inspiraban la iniciativa.

“El mensaje de paz, de respeto por el ser humano y por el medio ambiente que inspira esta iniciativa…”

Para el cardenal, esos principios coincidían con el compromiso de quienes trabajaban en favor de los pueblos de América Latina. Recordaba asimismo que la búsqueda de la paz debía estar unida a la justicia y a la promoción integral de la persona humana mediante su desarrollo cultural y espiritual.

El mensaje expresaba además un deseo particularmente significativo para una expedición dirigida a estudiantes: que quienes participaran en la Ruta Inka pudieran reflexionar sobre la necesidad de “promover caminos de paz para el mundo entero”.

El vínculo entre Milán y el Perú

La carta contenía también una referencia concreta a uno de los elementos que formaban parte del proyecto de la Ruta Inka de entonces.

El cardenal Martini expresó su satisfacción porque la iniciativa recordara la figura de Antonio Raimondi, a quien describió como “milanés de nacimiento y peruano de adopción”, destacando así el vínculo que unía idealmente a Italia y el Perú.

Ese detalle revela que el mensaje no fue un simple saludo protocolar. La comunicación hacía referencia a contenidos concretos del programa académico-cultural que había sido presentado ante la Arquidiócesis de Milán.

Finalmente, el cardenal hacía llegar sus mejores deseos para el éxito de la Ruta Inka y enviaba un saludo “a los organizadores y a todos los participantes”.

Un documento recuperado después de más de dos décadas

Veinticuatro años después, esta carta vuelve a salir a la luz como parte del proceso de recuperación de la memoria histórica de la Ruta Inka.

El documento permite recordar una etapa en la que la iniciativa apenas comenzaba a tomar forma y sus impulsores debían recorrer caminos, tocar puertas y explicar una y otra vez el sentido de un proyecto que aspiraba a acercar a los estudiantes a los pueblos y culturas de América Latina.

Con el paso de los años, aquella idea inicial se convertiría en una experiencia desarrollada a lo largo de más de dos décadas, con expediciones, estudiantes, comunidades, universidades, instituciones y pueblos de distintos países.

La carta del cardenal Carlo Maria Martini constituye así uno de los testimonios de aquellos primeros esfuerzos.

Cuando la Ruta Inka era todavía un sueño que buscaba abrirse camino, desde Milán llegó una voz que reconoció en ella un mensaje de paz, respeto por el ser humano y respeto por el medio ambiente. Hoy, ese mensaje vuelve a formar parte de la memoria recuperada de una historia que todavía continúa caminando.

Proyecto de Ley Ruta Inka

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