En 2005, la Ruta Inka fue para una joven universitaria su primera experiencia viajando sola y el comienzo de una vocación viajera que la llevaría por el Perú y, años después, hasta Londres. Hoy, de regreso en su país, Pamela Valverde vuelve a encontrarse con aquella experiencia y comparte su testimonio con los peruanos dentro y fuera del país.
Hay historias que parecen cerrar un círculo. La de Pamela Valverde es una de ellas. En 2005, cuando la Ruta Inka preparaba su expedición En busca de Machupicchu por el Qhapaqñan, Pamela era una joven universitaria que comenzaba a descubrir el mundo por sí misma. Era prácticamente la primera vez que viajaba sola, sin sus padres, y la Ruta Inka se convirtió en una experiencia que, según recuerda, le permitió “salir del cascarón”. En sus horas libres colaboraba voluntariamente con la organización, llevando flyers, difundiendo la convocatoria en su universidad y ayudando a despertar el interés de otros jóvenes por aquella aventura que estaba a punto de comenzar.
Aquella edición tuvo un marcado carácter institucional. La convocatoria fue presentada en la sede de la Asamblea Nacional de Rectores, con la participación del entonces presidente regional de Pasco, ingeniero Víctor Raúl Espinoza, quien asumió también la Presidencia de la Ruta Inka 2005, mientras la Universidad Nacional Mayor de San Marcos asumía la Vicepresidencia Académica. Pamela estuvo presente en aquellos primeros actos y participó activamente en la difusión de la expedición. Uno de sus recuerdos más vivos ocurrió durante el concierto Noche de Peruanidad Ruta Inka, organizado por la Municipalidad de Lima, en el Teatro Segura, cuando el Grupo Yawar interpretó “La Ruta Inka te llama”. Pamela había llevado volantes con la letra de la canción para que el público pudiera acompañar a los músicos. La emoción terminó desbordando el protocolo: los expedicionarios saltaron del palco, subieron al escenario y comenzaron a bailar, mientras el público se sumaba a la fiesta. Fue una noche que, para quienes la vivieron, anunciaba que algo extraordinario estaba a punto de comenzar.

Pero la aventura de Pamela no se limitó al Teatro Segura. Durante aquella primera etapa también pudo viajar a Canta, una de las provincias de Lima vinculadas al recorrido, viviendo nuevas experiencias lejos de su entorno familiar. Después, la expedición continuó hacia Caral y se internó en el Perú profundo, recorriendo Áncash, Huánuco, Pasco, Junín, Ayacucho y Apurímac rumbo a Machupicchu. Por sus obligaciones universitarias y sus exámenes, Pamela no pudo acompañar todo el recorrido. Sin embargo, apenas terminó sus compromisos académicos, tomó un avión rumbo al Cusco para alcanzar a sus compañeros y compartir los últimos diez días con ellos la etapa culminante, recorriendo el Valle Sagrado, Sacsayhuamán y Machu Picchu. En Pasco se había perdido uno de los momentos significativos de la expedición: los participantes fueron distinguidos como Embajadores Honorarios de Pasco, en el marco de la Presidencia de la Ruta Inka asumida por el entonces presidente regional Víctor Raúl Espinoza.
Para Pamela, aquella experiencia terminó teniendo consecuencias que fueron mucho más allá de los días que pudo compartir con la expedición. La Ruta Inka despertó en ella una intrepidez viajera que después la llevaría a recorrer distintos lugares del Perú y a mirar el mundo con una curiosidad nueva. Años más tarde, esa búsqueda de nuevos horizontes la conduciría hasta Londres, donde hizo su vida y formó su familia. Hoy, de regreso en el Perú, reconoce aquella primera aventura como uno de los momentos que contribuyeron a abrirle esa puerta. La Ruta Inka no determinó su camino posterior, pero sí le permitió descubrir que existía un mundo mucho más grande por conocer.
La expedición de 2005 reunió además a jóvenes procedentes de distintos países. Uno de ellos fue Chei Wei, llegado desde Taiwán, cuya presencia despertaba enorme curiosidad en las comunidades visitadas. Su disciplina y cuidadosa preparación llamaban también la atención de sus compañeros. En Pasco, como los demás expedicionarios, recibió la distinción de Embajador Honorario de Pasco, convirtiéndose simbólicamente en un vínculo entre la región y su país de origen.
La cercanía de Pamela con el fundador y organizador de la Ruta Inka, Rubén La Torre, le permitió conocer también el enorme esfuerzo que existía detrás de cada expedición: las coordinaciones, los viajes preparatorios, la búsqueda de apoyos y la necesidad permanente de sumar voluntades. Así comprendió que la Ruta era mucho más que un viaje. Era una manera de acercar a los jóvenes a pueblos y culturas que difícilmente podían conocer desde un aula o como simples turistas, y una oportunidad para descubrir las raíces del continente a través del contacto directo con sus comunidades.
Veinte años después, aquella joven que ayudaba a difundir la Ruta Inka llevando volantes y compartiendo su convocatoria vuelve a hacerlo de una manera diferente. Al conocer el proceso que se viene impulsando para recuperar la memoria histórica de la Ruta y lograr su institucionalización como Política de Estado, Pamela decidió escribir sobre aquella experiencia y compartirla públicamente.
Lo hizo en El Peruchito, medio digital orientado especialmente a mantener informados a los peruanos dentro y fuera del país, donde publicó el artículo “La Ruta Inka, una experiencia que el Perú no debería seguir ignorando”. Desde allí, su testimonio vuelve a poner en circulación una experiencia que acercó a jóvenes de diferentes países al Perú profundo y les permitió conocer directamente su historia, sus comunidades y sus culturas vivas.
Su testimonio adquiere así una doble dimensión. Es el recuerdo personal de una joven que descubrió el mundo viajando con la Ruta Inka y que, incluso sin poder acompañar toda la expedición, hizo todo lo posible por reencontrarse con ella en el Cusco. Pero es también la voz de una antigua colaboradora que hoy, desde otra etapa de su vida, vuelve a mirar aquella experiencia y considera que merece ser preservada y proyectada hacia las nuevas generaciones.
En 2005, Pamela llevaba la convocatoria de la Ruta Inka de mano en mano. Veinte años después, vuelve a difundirla desde un medio digital. Cambió el medio, pero no cambió el propósito: ayudar a que otros conozcan una experiencia que para ella significó salir del cascarón y descubrir nuevos mundos.
Quizá allí se encuentre una de las mejores expresiones de lo que significa recuperar la memoria histórica de la Ruta Inka: que quienes alguna vez ayudaron a construirla vuelvan a encontrarla y decidan, una vez más, ayudar a abrirle camino.
📖 El testimonio de Pamela
“La Ruta Inka, una experiencia que el Perú no debería seguir ignorando”
Por Pamela Valverde Salizar
Publicado en El Peruchito
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