Fueron muchos los días y sus noches que Mariem Mejri tuvo que esperar para posar su mirada sobre esta maravilla; fueron muchos miles de kilómetros que tuvo que salvar desde Túnez para escalar sobre esta montaña, y no fueron pocas las piedras en su camino que le puso el Consulado del Perú en La Paz (Bolivia) para otorgarle la visa que gestionaron numerosas autoridades para tenderle los puentes que la lleven a percibir la espiritualidad que brota de cada una de estas piedras. A las primeras horas del 31 de julio pasado, Mariem y sus compañeros de aventura, se enfrentaron a los senderos escarpados y escaleras de piedra que separan el santuario desde la estación del ferrocarril. Alrededor de las 10.15 de la mañana se presentó en los controles de acceso y sólo le hizo falta decir soy de Ruta Inka y Machupicchu le abrió las puertas. Al dar unos pasos más adelante se quedó sin palabras, porque ya era inútil intentar algún comentario ni sazonarlo con alguna exclamación. Simplemente Mariem tenía un sueño y ese sueño se había cumplido. Ver más
