El 7 de junio de 1999 se fundó en El Salvador la empresa Perú El Dorado S.A. de C.V., con una misión clara y ambiciosa: promover el rescate y la puesta en valor de la gran herencia cultural de los legendarios Incas, en particular su extraordinaria red vial conocida como el Qhapaq Ñan, un colosal patrimonio histórico que había permanecido relegado al olvido durante siglos.
Con el propósito de llevar adelante este desafío, a inicios del año 2000 Rubén La Torre renunció al servicio diplomático del Perú para fundar la Asociación Ruta Inka (ARI). Gracias al financiamiento de Perú El Dorado y al apoyo de numerosos pueblos herederos del antiguo Tahuantinsuyo —en Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú—, la ARI logró convocar a expedicionarios nacionales y extranjeros para recorrer el Qhapaq Ñan como una verdadera universidad itinerante, orientada a la recuperación de la sabiduría ancestral de los pueblos andinos.
Entre su fundación y el año 2016, la Asociación Ruta Inka organizó doce expediciones internacionales, en las que participaron más de mil exploradores entre documentalistas, periodistas, escritores, artistas, docentes y, sobre todo, estudiantes de excelencia provenientes de los cinco continentes, con especial presencia de América y Europa. Estas travesías tuvieron un profundo impacto cultural y social: fueron recibidas con entusiasmo en innumerables comunidades andinas y lograron colocar en la agenda prioritaria de los gobiernos la necesidad de rescatar y proteger esta red vial milenaria. Este esfuerzo colectivo alcanzó su mayor reconocimiento en 2014, cuando la UNESCO declaró al Qhapaq Ñan Patrimonio Cultural de la Humanidad.
A inicios de 2017, el fundador de Ruta Inka se estableció en la República de El Salvador con el objetivo de institucionalizar un nuevo proyecto regional: La Ruta Maya. Este proyecto contó con dos ediciones exitosas. Una tercera edición, denominada Ruta Maya 2021 – En busca de nuestros orígenes, fue concebida como parte de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, México y Perú, y fue anunciada oficialmente desde la Cámara de Diputados de México. Sin embargo, su ejecución se vio frustrada por la irrupción de la pandemia del COVID-19.
A inicios del año 2025, diversos pueblos andinos que en su momento adoptaron la Ruta Inka como su Embajada Cultural ante el mundo, impulsaron su realización de una décimo quinta expedición de cara a las elecciones generales de 2026. El objetivo es claro: empoderar a todas las fuerzas políticas para que presenten al electorado una propuesta de desarrollo integral, sostenible y multinacional del Qhapaq Ñan, con miras a convertirlo en una gran ruta de peregrinación cultural y espiritual para caminantes de todo el mundo. De hecho, ya se venían consolidando importantes alianzas con partidos políticos y autoridades locales cuando surgió una grave adversidad.
El pasado 25 de mayo, la empresa patrocinadora Perú El Dorado S.A., que operaba en el aeropuerto salvadoreño bajo el nombre comercial Ruta Maya Souvenirs, fue notificada —junto a una decena de pequeñas empresas— para abandonar las instalaciones aeroportuarias, debido al interés gubernamental de alquilar dichos espacios a otros fines institucionales Esta empresa, que facturaba en promedio US$14,000 mensuales y hacía posible el patrocinio de la Ruta Inka, se vio obligada a cesar sus operaciones, lo que afectó directamente la posibilidad de sacar adelante la siguiente expedición.
Ante esta situación, la ARI, de la mano con sus aliados y simpatizantes efectuará una campaña de socialización de la "Diplomacia del Qhapaq Ñan", que viene promoviendo desde desde su fundación, cuyo potencial y proyecciones es necesario que conozca todo el electorado, para que todos los candidatos a la Presidencia y al Congreso de la República, se comprometan a adoptar la Ruta Inka como parte de una política pública de desarrollo, integración cultural y proyección internacional. Está plenamente demostrado que la Ruta Inka ya cumplió una primera etapa exitosa, evidenciando su enorme poder de convocatoria y el respaldo de los pueblos andinos. Hoy resulta imprescindible que esta visión —que constituye una auténtica política exterior desde los pueblos— sea asumida como política de Estado, con el objetivo de convertir al Qhapaq Ñan en un destino cultural de alcance global, igual o incluso superior al afamado Camino de Santiago, en beneficio del Perú, de los países andinos y de la humanidad.


