
Carta abierta a los candidatos a la Presidencia y al Congreso del Perú
De cara a las elecciones generales 2026, la Asociación Ruta Inka presenta esta reflexión y propuesta dirigida a quienes aspiran a conducir el país, con el objetivo de convertir el Qhapaq Ñan en una política de Estado para el desarrollo, la integración y la identidad nacional.
Qhapaq Ñan, diciembre del 2025
Señoras y señores
Candidatos a la Presidencia de la República
y al Congreso de la República del Perú:
El Perú se encuentra hoy ante una decisión histórica: continuar administrando su herencia cultural como un vestigio del pasado o asumirla, de una vez por todas, como una palanca real de desarrollo, integración, proyección internacional y futuro.
En ese horizonte, la Ruta Inka no es un proyecto cultural más. Es una propuesta estratégica de país que merece ser asumida como política de Estado.
El Qhapaq Ñan, columna vertebral del Tahuantinsuyo y eje territorial del Perú ancestral, no es solo un conjunto de caminos arqueológicos. Es una red viva que articula regiones, conecta comunidades, expresa identidad nacional y ofrece una oportunidad concreta para un modelo de desarrollo descentralizado, sostenible y con rostro humano. No es casual que el Perú haya sido el país eje en la declaratoria del Qhapaq Ñan como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 2014.
Desde el año 2000, la Asociación Ruta Inka (ARI) demostró —con hechos y no con discursos— que esta visión es viable. Doce expediciones internacionales y dos expediciones Ruta Maya, con la participación de más de mil jóvenes líderes, académicos, comunicadores y creadores de los cinco continentes, recorrieron los dominios del antiguo Tahuantinsuyo, convivieron con comunidades andinas y proyectaron al país al mundo desde su identidad originaria.
Ruta Inka ya hizo lo más difícil: convocar, legitimar y posicionar una idea de país.
Hoy, cuando ya están inscritas las candidaturas a la Presidencia y al Congreso de la República de cara a las elecciones generales de 2026, la pregunta no es si la Ruta Inka es posible. La pregunta es qué fuerza política tendrá la voluntad de asumirla.
Convertir el Qhapaq Ñan en una gran ruta de integración cultural y espiritual —a la altura del Camino de Santiago— significa empleo rural, turismo sostenible, infraestructura básica, diplomacia cultural y fortalecimiento de la identidad nacional. Significa, sobre todo, presencia efectiva del Estado en el territorio.
Sin embargo, esta iniciativa enfrenta hoy una paradoja inaceptable: un proyecto reconocido internacionalmente, respaldado por los pueblos originarios y alineado con los objetivos de desarrollo del país, se encuentra debilitado y en riesgo por la ausencia de una política pública clara.
La salida forzada de la empresa patrocinadora Perú El Dorado S.A. de los espacios aeroportuarios salvadoreños —que patrocinó desde el año 2000 la organización de las expediciones para la consolidación del proyecto— evidencia cómo la falta de visión de Estado deja a la cultura estratégica a merced de decisiones administrativas coyunturales.
Por ello, interpelamos directamente a quienes aspiran a gobernar el Perú y a legislar en su nombre:
¿Están dispuestos a asumir la Ruta Inka como una política nacional de desarrollo e integración?
¿Están dispuestos a convertir el discurso sobre identidad y diversidad en acciones concretas de gobierno?
La Ruta Inka no pertenece a una persona ni a una organización. Pertenece a los pueblos del Perú profundo y a su historia milenaria.
Lo que se requiere hoy es decisión política, inclusión en los planes de gobierno, respaldo legislativo y una verdadera articulación intersectorial.
El beneficio es claro: desarrollo territorial, cohesión social, proyección internacional y un relato de país capaz de volver a unirnos.
El Perú del Bicentenario necesita símbolos que caminen, integren y transformen.
La Ruta Inka ya está trazada.
Lo que falta es que el Estado decida recorrerla.
Atentamente,
Rubén La Torre
Fundador – Ruta Inka
Asociación Ruta Inka - ARI


