CARTA ABIERTA A LOS PUEBLOS DEL TAHUANTINSUYO Y DEL ABYA YALA
Que esperan el regreso del gran camino
Ruta Inka 2027 – Al encuentro de los Aztecas
Hermanas y hermanos de los Andes,
pueblos del Qhapaq Ñan,
naciones del Abya Yala:
Les escribimos desde el corazón del camino.
Durante más de dos décadas, la Ruta Inka no ha sido un proyecto, sino una travesía compartida. Caminamos con ustedes por montañas y desiertos, por valles y selvas, cruzando fronteras que nunca existieron para nuestros ancestros. En Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, en pueblos grandes y pequeños, en comunidades andinas, amazónicas y mesoamericanas, fuimos recibidos como hermanos que regresan.
A muchos de ustedes ya los hemos abrazado.
En Cañar, en Puno, en Cusco, en Tacna, en el altiplano boliviano, en las tierras del norte andino y en los pueblos mayas de Mesoamérica, la Ruta Inka dejó huella porque no llegó como turista, sino como familia.
A los más de mil ruteros y ruteras dispersos hoy por todos los continentes —quienes alguna vez cargaron una mochila, cruzaron un puente, compartieron una fogata y aprendieron a llamarse hermanos en el camino— les decimos:
ustedes son la Ruta Inka viva.
Esta nueva travesía también les pertenece. El espíritu que nos unió sigue caminando con ustedes, allí donde estén, y los llama ahora a volver a encender la memoria del gran camino.
Hoy les escribimos porque el tiempo vuelve a abrirse.
El mundo atraviesa una crisis de sentido.
Los jóvenes buscan raíces.
Los pueblos buscan dignidad.
La humanidad busca caminos que no destruyan la tierra ni la memoria.
Y en medio de esa búsqueda, el Qhapaq Ñan vuelve a llamarnos.
No como piedra antigua, sino como camino vivo.
Por eso, anunciamos ante ustedes la intención de poner en marcha:
Ruta Inka 2027 – Al encuentro de los Aztecas
Una gran travesía continental que una, por primera vez en la historia moderna,
el mundo andino con el mundo mesoamericano,
el Tahuantinsuyo con la civilización mexica,
los Andes con Anáhuac.
No para conquistar.
No para exhibir.
Sino para reencontrarnos.
A los pueblos mayas, a los pueblos nahuas, a los pueblos quechuas, aymaras, cañaris, mapuche, chortis, pipiles y a todas las naciones originarias de América, les decimos:
el camino vuelve a llamarnos.
A las universidades, casas de la cultura, sabios, artistas, músicos, investigadores y guardianes de la memoria, les decimos:
esto no es un evento: es una siembra.
A los jóvenes del continente, les decimos:
no hereden un mundo sin raíces; caminen con nosotros para volver a encontrarlas.
Y a quienes ya nos conocen,
a quienes nos recibieron cuando éramos menos,
a quienes abrieron sus puertas, sus plazas, sus templos y sus corazones:
esta convocatoria también es suya.
La Ruta Inka no pertenece a una institución.
Pertenece a los pueblos que la caminan.
Hoy no pedimos permisos.
Pedimos memoria, voluntad y ayni.
Que cada comunidad que nos ha conocido vuelva a levantar su voz.
Que cada territorio que nos ha recibido vuelva a abrir su camino.
Que cada corazón que ha caminado con nosotros vuelva a latir al ritmo de la gran travesía.
Desde los Andes hasta Anáhuac,
desde el Qhapaq Ñan hasta Tenochtitlan,
el gran camino nos llama otra vez.
Nos volveremos a encontrar en él.
RUTA INKA
Por la integración espiritual, cultural y civilizatoria de los pueblos de América


