Por una Ruta Inka como Política de Estado del Perú

La siguiente declaración es una propuesta de política pública destinada a fortalecer la identidad cultural, la cohesión social y el desarrollo territorial a través de la Ruta Inka como política de Estado. 

MANIFIESTO PÚBLICO

POR LA RUTA INKA COMO POLÍTICA DE ESTADO DEL PERÚ


El Perú y los países andinos son herederos de una civilización milenaria que se forjó caminando.

Antes de la República, antes de la Colonia, antes incluso de las fronteras modernas, existió un sistema de caminos que articuló pueblos, culturas, lenguas y territorios: el Qhapaq Ñan, columna vertebral del mundo andino y expresión material de una civilización que supo integrar diversidad, conocimiento y espiritualidad.

Hoy, a más de dos siglos de vida republicana, nuestras sociedades enfrentan un desafío histórico: reconectarse consigo mismas. En un contexto marcado por la fragmentación territorial, la desigualdad y la pérdida de referentes comunes, la Ruta Inka surge como una propuesta real de integración, desarrollo con identidad y reencuentro con la sabiduría ancestral de los pueblos herederos del Tahuantinsuyo.

La Ruta Inka no es un proyecto cultural marginal ni una evocación romántica del pasado. Es una plataforma estratégica de desarrollo, construida a lo largo de más de dos décadas, que ha contado, en distintas etapas, con el acompañamiento y respaldo de gobiernos locales y regionales, universidades, comunidades y organizaciones indígenas específicas, así como con expresiones de reconocimiento y aliento provenientes del ámbito académico, cultural y de organismos internacionales.

Desde el año 2000, a través de la Asociación Ruta Inka (ARI), esta iniciativa demostró su capacidad de convocatoria, impacto territorial y proyección internacional. Doce expediciones internacionales recorrieron los territorios andinos de Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Chile y Argentina, convocando a jóvenes, académicos, comunicadores y creadores de diversos países, quienes convivieron con comunidades locales y contribuyeron a proyectar al mundo una visión viva del Qhapaq Ñan.

Desde sus inicios, la Ruta Inka concibió sus expediciones como una universidad itinerante en busca de la sabiduría ancestral: un espacio de formación intercultural, aprendizaje vivencial e investigación en territorio, donde jóvenes de excelencia y académicos dialogan directamente con las comunidades, recorriendo el Qhapaq Ñan como aula viva de historia, cultura y conocimiento. Esta experiencia educativa, no formal, pero de alto valor académico y cultural, permitió la formación de redes internacionales comprometidas con la difusión de los valores, saberes y tradiciones del mundo andino.

Paralelamente, la Ruta Inka desarrolló una propuesta de diplomacia cultural desde los pueblos, mediante la cual numerosas municipalidades, gobiernos regionales y autoridades comunitarias reconocieron a la iniciativa como una forma de Embajada Cultural ante el mundo, invistiendo a los expedicionarios como Embajadores Honorarios de sus territorios, culturas y tradiciones. Estos jóvenes se convirtieron así en portadores activos de la memoria del Qhapaq Ñan, difundiendo en sus países de origen las fiestas tradicionales, los saberes ancestrales y los circuitos culturales y turísticos comunitarios.

Todo ello contribuyó a fortalecer la visibilidad cultural y académica del Qhapaq Ñan en el ámbito regional e internacional, en un contexto en el que los gobiernos de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú avanzaron en un trabajo coordinado que permitió, en 2014, su declaratoria como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, con el Perú como país eje.

La institucionalización de la Ruta Inka como política de Estado permitiría articular esta experiencia con la acción pública, así como con la red diplomática y consular, fortaleciendo una estrategia de promoción cultural, educativa y turística basada en personas, territorios y comunidades, que complemente —sin sustituir— las labores de conservación patrimonial que realizan los Estados.

La Ruta Inka se concibe como una propuesta abierta y en permanente construcción, orientada a sumar progresivamente el diálogo y la participación de pueblos y organizaciones indígenas, respetando su diversidad, autonomía y procesos propios de representación. No pretende atribuirse voces colectivas, sino articular esfuerzos, saberes y voluntades en torno a un proyecto común de integración regional con identidad.

Sin embargo, esta oportunidad histórica aún no ha sido asumida como una política pública de largo plazo. La ausencia de una decisión política clara ha dejado a la Ruta Inka en una situación de fragilidad institucional, pese a la existencia de antecedentes concretos que demuestran su viabilidad y pertinencia.

Por ello, quienes suscribimos este manifiesto declaramos:

  1. Que el Qhapaq Ñan es un activo estratégico del Perú y no únicamente un bien arqueológico.
  2. Que la Ruta Inka debe ser asumida como política de Estado, con respaldo normativo, articulación intersectorial y visión de largo plazo.
  3. Que su desarrollo debe realizarse con participación progresiva y respetuosa de los pueblos y comunidades, así como de universidades y gobiernos locales y regionales.
  4. Que exhortamos a los candidatos a los gobiernos nacionales y a los parlamentos a incorporar esta visión en sus planes y agendas públicas.
  5. Que apostamos por un modelo de desarrollo que articule identidad cultural, territorio y futuro, integrando saberes ancestrales, conocimiento académico y políticas públicas modernas.

Este manifiesto no responde a una ideología partidaria ni a una candidatura específica. Responde a una convicción profunda: nuestros países no pueden seguir dándole la espalda a su propia historia como motor de desarrollo, integración y proyección internacional.

La Ruta Inka no divide: integra.

No excluye: convoca.

No mira al pasado: camina hacia el futuro.

Convocamos a pueblos indígenas, comunidades locales, universidades, organizaciones culturales, juventudes, gobiernos locales y regionales, académicos, artistas y fuerzas democráticas a adherirse a este manifiesto y a trabajar conjuntamente para que la Ruta Inka sea asumida como una política pública al servicio del país.

El camino está vivo.

La historia nos convoca.

Es tiempo de volver a caminar juntos.

 
ASOCIACION RUTA INKA (ARI)

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NOTA ACLARATORIA: Sobre antecedentes, respaldos y alcances del presente Manifiesto

Proyecto de Ley Ruta Inka

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